martes, 20 de diciembre de 2011

Vuelta a la rutina

Es lunes, son las 10.37 de la mañana. El tic-tac del reloj no me deja concentrarme. Cada vez lo oigo más fuerte. Resuena en mi cabeza, duele, es demasiado profundo. Como una aguja afilada traspasando uno a uno todos los poros de mi piel hasta hacerme perder la cordura, hasta llegar a la locura. Me quito la pulsera, el guante, el pañuelo, y el reloj. Me fijo en la palidez de mi piel, esa que deja ver las venas azuladas que recorren mi antebrazo. Noto los latidos de mi corazón en ellas, aun estoy viva. Las miro fijamente, pienso que debería terminar con el dolor que conlleva esto a lo que llaman vida. Solo necesito la afilada hoja de una cuchilla... pero olvido todos mis pensamientos de golpe. Acabar con todo es demasiado fácil, regalarles la vistoria sin luchar siquiera por ella. No puedo hacerlo, prefiero asumir el reto, cerrar todas esa bocas que dijeron que no podía. Esas ques esperaban mi caida al vacío para señalarme como un ángel caído, un ángel sin vida y con alas destruidas.