martes, 20 de diciembre de 2011

Vuelta a la rutina

Es lunes, son las 10.37 de la mañana. El tic-tac del reloj no me deja concentrarme. Cada vez lo oigo más fuerte. Resuena en mi cabeza, duele, es demasiado profundo. Como una aguja afilada traspasando uno a uno todos los poros de mi piel hasta hacerme perder la cordura, hasta llegar a la locura. Me quito la pulsera, el guante, el pañuelo, y el reloj. Me fijo en la palidez de mi piel, esa que deja ver las venas azuladas que recorren mi antebrazo. Noto los latidos de mi corazón en ellas, aun estoy viva. Las miro fijamente, pienso que debería terminar con el dolor que conlleva esto a lo que llaman vida. Solo necesito la afilada hoja de una cuchilla... pero olvido todos mis pensamientos de golpe. Acabar con todo es demasiado fácil, regalarles la vistoria sin luchar siquiera por ella. No puedo hacerlo, prefiero asumir el reto, cerrar todas esa bocas que dijeron que no podía. Esas ques esperaban mi caida al vacío para señalarme como un ángel caído, un ángel sin vida y con alas destruidas.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Insomnio

Se acercan las cinco de la mañana. En dos horas sonará el despertador; no servirá de nada, aun no he podido cerrar los ojos y descansar. Me duele la vista, me quedo sin tinta, sin palabras que escribir. No puedo seguir despierta mucho más tiempo, pero mi cabeza no me permite desconectar, no me permite soñar. Le doy vueltas a todo, los ojos se me llenan de lágrimas, no puedo parar. Aunque lo necesite, no puedo. Intento conciliar el sueño, dejo la mente en blanco, pero mi cerebro es más fuerte. Recrea mis mayores miedos, mis pesadillas más oscuras, y lo vuelve a conseguir. Termino donde siempre, encima del tejado, con un cigarro en una mano, un bolígrafo en la otra, y el corazón a punto de romperse en pedazos. ¿Hasta cuando podré soportar esta situación? Dirijo la vista al cielo, observo la infinidad del universo y me pregunto quien maneja este infierno. Este en el que día a día me siento más muerta que viva. En el que día a día pienso en la facilidad de terminar con todo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Mi lienzo

Me despierto de buen humor, pienso que hoy será un día feliz, o al menos no tan deprimente como los otros. Termina, voy a mi sitio de siempre, me siento en esa zona del tejado que tantos momentos ha visto y me dispongo a reflexionar sobre mi vida. Esa vida que consta de una familia a la que destruyes aunque no entre en tus planes. Esa que no acepta tu manera de pensar o simplemente de vestir. Esa que día a día te repite una y otra vez el daño que les causas. Me queda poco tiempo para que estalle y desaparezca. Para que no me volváis a ver. Para que deje de ocasionaros todo ese sufrimiento que me recordáis cada vez que me veis. No os preocupéis, con el tiempo todo se olvidará, será como si nunca hubiese existido. Seguiré siendo como siempre, solo que ya no veréis como soy. Seguiré expresándome con mi cuerpo, seguirá siendo mi lienzo. Ese sobre el que dibujaré las alas que me harán libres. Ese sobre el que dibujaré todos mis fracasos y todas mis victorias.

Morir día a día

Solo necesito unos minutos, solo unos segundo para pensar. Quiero aclarar mis ideas, demostrarle a esta sociedad que no la necesito. Meditar sobre la situación y llegar a esa conclusión que tanto anhelo. Me acabaré mi cigarro sentada en el tejado, sin que nadie me moleste, sin que nadie se de cuenta de que estoy aquí. Relajarme i alejarme de esta sociedad que me oprime. De todas esas palabras que aunque parezcan no importarme, me afectan más de lo que yo misma creo. Temblando escribo estas palabras, y aunque las lágrimas recorran mis mejillas, no me impedirán terminarlas. Mientras escribo recuerdo el dolor que he acumulado estos años. Con solo una palabra me destruyeron, y yo misma me encargo de romper en pedazos más pequeños lo poco que queda de mi. Esa palabra que aunque quiera olvidar me persigue cada día. Me enfrento a ella, le digo que soy más fuerte, pero ¿a quién quiero engañar? Sigue ahí. Allá donde vaya, está ella, la causante de todo esto. Tan solo olvidarla y empezar de nuevo; pero es más complicado de lo que esperaba y no me quedan fuerzas para ello. Pensar que todo lo que me han dicho es mentira ya no funciona. Esas palabras se me grabaron a fuego en la piel. Cada vez es más difícil por que el causante de este dolor no son los demás, soy yo. Yo misma me destrozo la vida con señales que quedarán marcadas para siempre.
Pero he dejado de luchar contra ella, y aunque me queden muchas cosas por vivir, me limitaré a sobrevivir.

Pensamientos sobre el tejado

Seguiré actuando como siempre, no cambiará nada. Aunque lo haya oído demasiadas veces, lo tengo asumido. Es lo que he elegido, y con lo que terminará todo. Perderé a muchas personas, pero no importa; no me importa. Se que me distanciaré poco a poco hasta el punto en que nadie me conozca; hasta que nadie me recuerde. Y aun así mostraré siempre una sonrisa, por que nadie recibirá el beneficio de verme llorar, por que nadie me verá sufrir. Llevaré mi máscara hasta la tumba, y ese día, continuaré con ella puesta. Tranquilos, fue elección propia, no sufro por ello. He llegado al punto en que me acabé creyendo mi propia fachada, ya ni yo misma recuerdo quien soy. Pero sigo sintiendo dolor, y aunque no lo creáis, me alegro por ello. Me demuestra que sigo sintiendo, que sigo viva. Lo necesito. Sin ello perdería la única razón por la que sé que sigo aquí, que no es fruto de mi imaginación, o que solo formo parte de un juego en el que soy controlada por una mente superior. Cada vez sonrío menos, cada vez me agobia más la idea de estar rodeada de gente, cada vez pienso más en lo que pasaría si todo terminase. Si se acabara de golpe. Si de un día para otro todo hubiera finalizado. ¿Alguien lloraría por mi? No lo creo, pero no me entristece la idea, solo significará que al final conseguí creerme mis propias palabras.