lunes, 21 de noviembre de 2011

Insomnio

Se acercan las cinco de la mañana. En dos horas sonará el despertador; no servirá de nada, aun no he podido cerrar los ojos y descansar. Me duele la vista, me quedo sin tinta, sin palabras que escribir. No puedo seguir despierta mucho más tiempo, pero mi cabeza no me permite desconectar, no me permite soñar. Le doy vueltas a todo, los ojos se me llenan de lágrimas, no puedo parar. Aunque lo necesite, no puedo. Intento conciliar el sueño, dejo la mente en blanco, pero mi cerebro es más fuerte. Recrea mis mayores miedos, mis pesadillas más oscuras, y lo vuelve a conseguir. Termino donde siempre, encima del tejado, con un cigarro en una mano, un bolígrafo en la otra, y el corazón a punto de romperse en pedazos. ¿Hasta cuando podré soportar esta situación? Dirijo la vista al cielo, observo la infinidad del universo y me pregunto quien maneja este infierno. Este en el que día a día me siento más muerta que viva. En el que día a día pienso en la facilidad de terminar con todo.

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